Taizé

El fundador

 

El Hno. Roger Schutz, fundador de la comunidad ecuménica de Taizé, nació en Provence (Suiza) en 1925 y fue asesinado en Taizé el 16 de agosto de 2005.

 

  

La comunidad de Taizé es una comunidad monástica cristiana ecuménica, fundada por el teólogo suizo Roger Schutz (conocido como Hermano Roger) en 1940 en la localidad de Taizé, Francia, que continúa siendo su sede.

 

Los comienzos

 

Todo comenzó en 1940 cuando, a la edad de veinticinco años, el hermano Roger deja su país natal, Suiza, para ir a vivir a Francia, el país de su madre. Había estado inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar. Durante esta enfermedad había madurado en él la llamada a crear una comunidad.

 

En el momento en que comienza la Segunda Guerra Mundial, tuvo la certeza de que, al igual que su abuela había hecho durante la Primera Guerra Mundial, tenía que ir sin demora a ayudar a las personas que atravesaban esta dura prueba. Viajando en bicicleta, el 20 de agosto de 1940 llegó a Taizé, aldea de la región de Borgoña cerca de la línea de demarcación que dividía a Francia en dos: una buena situación para acoger a refugiados que escapaban de la guerra.

 

Encontró una casa en venta en lo alto de una colina y, tras regresar al hogar paterno para consultar a su padre, volvió a Taizé, se la compró a su propietaria y comenzó a vivir en ella. Poco después solicitó a su hermana pequeña, Geneviève, que se estableciera con él en Taizé para ayudarle.

 

Algunos amigos de Lyón comenzaron a dar la dirección de Taizé a aquellos que necesitaban refugio. Entre los refugiados que alojaban había judíos. Contaban con pocos medios. Sin agua corriente, iban a buscar el agua potable a un pozo de la aldea.

 

La comida era modesta, sobre todo sopas hechas con harina de maíz comprada a bajo coste en el molino vecino. Por discreción hacia aquellos que acogían, el hermano Roger rezaba solo, a menudo salía a cantar lejos de la casa, en el bosque.

 

Con el fin de que algunos refugiados, judíos o agnósticos, no se sintieran incómodos, Geneviève explicaba a cada uno que era mejor que aquellos que quisieran rezar lo hicieran solos en su habitación.

 

En el otoño de 1942, con Francia enteramente ocupada, la Gestapo investigo la casa y su actividad. Un oficial francés, amigo de la familia Schutz, les advirtió que habían sido descubiertos y que tenían que partir sin demora.

 

El hermano Roger vivió en Ginebra hasta el final de la guerra. Allí conoció a dos estudiantes, Max Thurian y Pierre Souvairan, que habían leído su folleto y se convertirían en sus primeros Hermanos. Se establecieron juntos en un pequeño apartamento, donde más tarde se les unió Daniel de Montmollin.

 

Comenzó una vida de trabajo en común y de oración, en el celibato y en la comunidad de bienes, renovando su promesa cada año. En el otoño de 1944, con la Segunda Guerra Mundial cercana a su fin y Francia ya liberada de la ocupación alemana, Roger y sus tres Hermanos volvieron a Taizé, dando inicio a la vida en Comunidad en la colina, en condiciones extremadamente austeras.

El compromiso de los primeros hermanos

 

En 1945, un joven jurista de la región creó una asociación para encargarse de niños que la guerra había privado de familia. Propuso a los hermanos acoger a algunos de ellos en Taizé, pero una comunidad de hombres no podía recibir niños, así que el hermano Roger pidió a su hermana que regresara a Taizé para ocuparse de los pequeños y ser una madre para ellos. Los domingos, los hermanos recibían también a los prisioneros de guerra alemanes recluidos en un campo cerca de Taizé.

 

Poco a poco algunos hombres jóvenes vinieron a unirse a los primeros hermanos y, el 17 de abril de 1949, día de Pascua, siete hermanos se comprometieron para toda la vida a guardar el celibato, llevar una vida común y vivir con una gran sencillez. En el silencio de un largo retiro durante el invierno 1952-1953, el fundador de la comunidad escribió la Regla de Taizé, donde redactó para sus hermanos «lo esencial para permitir la vida en común».

 

Compromiso de vida

 

Luego de un tiempo de preparación, un nuevo hermano se compromete con la comunidad para toda la vida. Aquí las palabras que son pronunciadas el día de su compromiso.

 

Hermano, ¿qué pides?

 

La misericordia de Dios y la comunidad de mis hermanos.

 

Que Dios lleve a término en ti lo que Él mismo ha comenzado.

 

Hermano que te confías a la misericordia de Dios, recuerda que Cristo, el Señor, viene en ayuda de tu débil fe y que, comprometiéndose contigo, realiza para ti la promesa:

 

No hay nadie, en verdad, que habiendo dejado todo a causa de Cristo y por el Evangelio, no reciba cien veces más, ahora en el tiempo presente, hermanos y hermanas y madres e hijos con persecuciones, y en el siglo venidero la vida eterna.

 

Este es un camino contrario a toda lógica humana, pero no podrás avanzar en él más que por la fe y no por la visión, seguro siempre de que quien ha perdido su vida por Cristo, la volverá a encontrar.

 

Camina de ahora en adelante tras las huellas de Cristo. No te preocupes por el mañana.

 

Busca primero el Reino de Dios y su justicia. Abandónate, entrégate, y será derramada en tu seno una medida repleta, apretada, desbordante.

 

Duermas o veles, de noche y de día, la semilla germina y crece sin que tú sepas cómo.

 

Guárdate de desplegar tu justicia ante los otros para ser admirado.

 

Que tu vida interior no te de un aire triste, como aquél que ostenta un rostro descompuesto para que los demás lo vean.

 

Unge tu cabeza, lava tu cara a fin de que sólo tu Padre que ve en lo secreto conozca la intención de tu corazón.

 

Mantente en la sencillez y la alegría, la alegría de los misericordiosos, la alegría del amor fraterno. 

 

Sé vigilante. Si debes reprender a un hermano, que sea a solas, él y tú.

 

Ten la preocupación de la comunión humana con tu prójimo.

 

Confíate. Has de saber que un hermano tiene el encargo de escucharte.

 

Compréndele para que cumpla su ministerio con alegría.

 

Cristo, el Señor, en la compasión y el amor que tiene por ti, te ha escogido para que seas en la Iglesia un signo del amor fraterno.

 

Quiere que realices con tus hermanos la parábola de la comunidad. Así, renunciando en lo sucesivo a mirar hacia atrás, y con el gozo de un infinito agradecimiento, no tengas nunca miedo de adelantarte a la aurora para alabar y bendecir y cantar a Cristo tu Señor.

 

Recíbeme Señor y yo viviré, y que me alegre en mi espera.

 

Hermano, acuérdate de que es a Cristo a quien vas a responder ahora, al contestar a las llamadas que Él te dirige:

 

¿Quieres, por amor a Cristo, consagrarte a Él con todo tu ser? Quiero.

 

¿Quieres realizar de ahora en adelante el servicio de Dios en nuestra comunidad, en comunión con tus hermanos? Quiero.

 

¿Quieres, renunciando a toda propiedad, vivir con tus hermanos, no solamente en la comunidad de bienes espirituales, esforzándote en abrir tu corazón?

Quiero.

 

¿Quieres, a fin de estar más disponible para servir con tus hermanos y para entregarte totalmente al amor de Cristo, permanecer en el celibato? Quiero.

 

¿Quieres, para que no seamos más que un corazón y un alma y para que nuestra unidad de servicio se realice plenamente, adoptar las opciones de comunidad expresadas por el prior, recordando que él no es más que un pobre servidor de comunión en la comunidad? Quiero.

 

¿Quieres, reconociendo siempre a Cristo en tus hermanos, velar por ellos, en los buenos como en los malos días, en el sufrimiento como en la alegría? Quiero.

 

En consecuencia por Cristo y por el Evangelio, tú eres desde ahora hermano de nuestra comunidad.

 

Que este anillo sea el signo de nuestra fidelidad en el Señor.

 

 

Actualmente

En Taizé miles de personas en su mayoría jóvenes rezan desde 1940 por la paz del mundo y la unidad de los cristianos.

 

Sin hacer propaganda Taizé se convirtió en la comunidad de jóvenes más grande del mundo, abierta a miembros de todas las iglesias cristiana, hindúes, ateos y buscadores…

 

En 1982 comenzaron las grandes celebraciones de Pascua convocadas por el Hno. Roger en diferentes ciudades.

 

Miles de personas se congregan cada año en una ciudad europea.

Música de Taizé
17 Eskerrak Jaungoikoari (Confitemini Do
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